La enseñanza de idiomas en academias puede ser enfocada de forma diversa, desde la mera preparación de exámenes hasta dinámicas activas en las que los alumnos son el punto central del proceso de aprendizaje. ¿Qué quiere decir esto?
Pues bien, teniendo en cuenta que no contamos con un curriculum con el que cumplir, unas evaluaciones que completar ni un departamento con el que estar de acuerdo, contamos con una gran variedad de posibilidades. ¿Por qué ceñirnos entonces al modelo tradicional de enseñanza?
Durante las clases, fomentar que los alumnos sean la parte activa y el profesor sea un simple guía es esencial. No solo en idiomas, en cualquier materia. Pero es cierto que en nuestro caso, que los estudiantes se animen a hablar y participar les va a ayudar a desarrollar diversas habilidades básicas necesarias para el dominio de una lengua extranjera.
En las clases fomentamos la conversación mediante juegos de rol, actividades grupales o incluso proyectos. De esta forma, cuando aprendemos un idioma es imprescindible que seamos capaces de producir e introducir nuevas palabras de vocabulario. Una vez tenemos esta fase completada, podremos escribir o leer en dicha lengua extranjera, en este caso el inglés.
Dese siempre se nos ha enseñado inglés leyendo textos, haciendo ejercicios de libros de actividades y escribiendo típicas cartas a nuestro amigo americano. La escusa que nos encontrábamos cuando ninguno de los alumnos era capaz de articular una palabra en inglés era que los grupos eran muy grandes y era muy difícil fomentar esta habilidad en todos, ya que la participación y motivación no era la misma.
Puede que haya algo de cierto en lo que acabamos de comentar, pero no podemos agarrarnos a esa justificación y permitir la típica frase de “en España los idiomas se enseñan mal” porque no siempre es así.
En primer lugar, parece que da miedo no tener un libro de texto en clase, parece que da miedo que el peque no llegue a casa con alguna ficha o alguna prueba de lo que está realizando en clase. Bien, en lugar de basarnos en estos aburridos ejercicios de completar los huecos en blanco o rellenar con el tiempo verbal que corresponda, tenemos que animar a los estudiantes a hablar en la lengua extranjera, jugar y motivarles a producir frases de ámbitos que a ellos les interesen. Si nos ceñimos a las lecturas de los libros de texto es normal que acaben aborreciendo la lengua inglesa.
Como profesores, tenemos que ser capaces de escucharles y entender cuáles son sus motivaciones. Así, podremos adaptar nuestras situaciones de aprendizaje a ellos. De hecho, si conseguimos que vayan desarrollando la expresión oral, de forma paralela irán desarrollando el resto de habilidades.
También tenemos que evitar la típica frase de “esto ya lo tenéis que saber”. Es cierto que hay determinadas partes de la gramática que se dan desde los grupos más bajos, pero del mismo modo que no todos somos buenos en matemáticas, en química o biología, no todos somos buenos en las lenguas extranjeras. Por ello, si es necesario repetir alguna de las partes, las repetiremos.
Los ritmos de aprendizaje varían mucho entre niños de la misma edad, cada uno es diferente y esto no tiene por qué ser una desventaja. Podemos aprovechar estas diferencias en tiempos para hacer trabajos en pareja o juegos grupales en los que los alumnos más aventajados sean los que ayuden a los que necesitan un empujón.
Así, no solo estaremos trabajando el inglés, sino que estaremos fomentando el trabajo cooperativo, la comprensión, el respeto y tolerancia entre los estudiantes. De hecho, estaremos fomentando un buen clima en el aula, dándoles a entender que no hay nadie mejor ni peor, que somos un grupo y que para que haya, por ejemplo, algún tipo de recompensa por el buen trabajo, tendrán que ayudarse y asegurarse de que todos entienden la tarea y todos la completan.
En definitiva, se trata de entender a nuestros alumnos y fomentar un aprendizaje de la lengua inglesa similar al que realizamos cuando aprendemos nuestra lengua materna. ¿O es que a un niño o niña de tres años le explicamos qué es un objeto directo e indirecto y por qué tiene que decir la frase de tal manera? No, ¿verdad? Pues lo mismo ocurre con el inglés, tenemos que dejar la gramática para los niveles más altos y priorizar primero la expresión y adquisición de nuevas palabras.
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