Los extranjerismos sirven para designar realidades nuevas para las que la lengua de destino carece de término.
En otras ocasiones, en cambio, se incorporan a la lengua palabras procedente de otra que designan realidades para las que ya había una palabra. Por ejemplo, el término jamón, procedente del francés, terminó por desbancar a pernil, que venía del latín.
Cuando aprendemos un idioma nuevo es muy importante que tengamos un control absoluto de nuestra lengua nativa. No solo tenemos que desenvolvernos con ella, sino que en determinadas ocasiones resulta interesante conocer el origen de las palabras.
¿Cómo se llaman las palabras que adoptamos de otras lenguas? ¿Por qué las adaptamos? Las voces procedentes de otras lenguas se denominan generalmente extranjerismos o préstamos.
Los extranjerismos tienden a acomodarse a los patrones característicos de nuestra lengua; es decir, se transforman para adoptar una pronunciación y una grafía que esté de acuerdo con las pautas y formas propias del español. Así, en la palabra chute se han sustituido los fonemas del inglés (shoot) por los más semejantes en español o en charlar se ha modificado la grafía original (ciarlare) para acomodar la pronunciación a la convención ortográfica española.
Una vez que una palabra ha sufrido este proceso, la voz inicialmente extranjera pasa a considerarse un préstamo adaptado, frente al extranjerismo crudo o préstamo no adaptado, que es aquel en el que se utiliza la grafía y la pronunciación de la lengua de origen (football frente a fútbol).
Dado que en la actualidad los hablantes están muy familiarizados con las principales lenguas de las que se toman prestadas palabras, la tendencia a respetar las grafías originales de dichas palabras es cada vez mayor. Así, aunque hay muchos extranjerismos recientemente incorporados al español que se han adaptado (béisbol, de baseball; champú, de shampoo o bisturí, de bistouri), también abundan los préstamos no adaptados, en los que se conserva la grafía original, como amateur, pizza, mozzarella o software, y que a su vez están recogidos en el DLE.
• Los extranjerismos crudos. Son palabras procedentes de otras lenguas que se insertan en un discurso en español sin proceso de adaptación a la pronunciación y a la ortografía española. Muchas veces, se trata de extranjerismos muy difundidos que se han dado a conocer con su grafía original y con una pronunciación semejante a la española: apartheid, blues, hooligan, pendrive, piercing, rock, sheriff, etc. son una
pequeña muestra. Muchos de estos extranjerismos crudos, con el tiempo, pueden verse sustituidos por voces propias de la lengua a la que se incorporan; por ejemplo, el término mouse para designar el aparato informático fue sustituido con el tiempo por el término en español ratón. Otros, en cambio, se mantienen resistentes a la adaptación.
• Las locuciones, las expresiones y las fórmulas oracionales que estén en otra lengua y que se inserten en un texto escrito en español también deben marcarse (con cursiva o con comillas):
Ha sido un auténtico tour de force del equipo.
En cambio, cuando se reproduce de manera entrecomillada en un texto un fragmento en otra lengua, no se añade a las comillas de cita ningún otro recurso: «Não posso querer ser nada» es la conclusión a la que llega Álvaro de Campos en su famoso poema Tabacaria.
• Los préstamos adaptados. Las palabras procedentes de otras lenguas sufrían determinadas transformaciones que las adaptaban a la pronunciación y a las convenciones ortográficas del español. Una vez que se cumple este proceso tenemos un extranjerismo adaptado que no es necesario resaltar de ningún modo: estas palabras, una vez adaptadas, se consideran españolas a todos los efectos. La adaptación se puede hacer en dos direcciones:
Por último, resulta interesante hacer una consideración sobre estos procesos de adaptación. Y es que, por un lado, no siempre se producen resultados iguales en todo el ámbito hispano, por ejemplo, el término beige se emplea así, como extranjerismo crudo en el español de América, mientras que en España se ha consolidado la adaptación beis.
En definitiva, acabamos de hacer un breve repaso a los distintos tipos de adaptaciones. Parece relevante tener al menos una noción básica sobre estos aspectos para poder relacionar después conceptos e ideas con las nuevas lenguas extranjeras que aprendemos.
